Festival de San Sebastián: Día 1

Comenzamos con Enemy del director canadiense Denis Villenueve, el cual ya nos deslumbró con la soberbia Incendies e incluso anteriormente con  Polytechnique. En esta 61 edición del Zinemaldia, Enemy concursa en sección oficial. Se mide ante otras trece películas para tener un lugar en el añorado palmarés.

Está protagonizada por Jake Gylenhaal, el que sin duda se va consolidando como uno de los mejores actores de su generación. Y aunque su interpretación (doble) quede desplazada por la impresionante factura técnica, mantiene el pulso interpretativo en todo el metraje. Atmósfera de Lynch desde la primera escena, el creador canadiense deslumbra con un estilo visual al que no nos tiene acostumbrados. Inquietante, perturbadora, recuerda en ocasiones a la esencia de los títulos de crédito de la primera temporada de American Horror Story. Todo como un juego. No es uno, son dos y sin duda, juegan al equívoco.

Esta adaptación de la novela de José Saramago: El doble, perpetrada por Javier Gullón se convierte en la primera de las dos películas que veremos de Denis en Donosti. ¿Se imaginan la inquietud y el desasosiego ante la contemplación de un actor que tiene exactamente el mismo aspecto y la misma voz que tú? ¿Se imaginan viendo una película y descubriendo que hay alguien famoso en alguna parte del mundo que tiene los mismos gestos y rasgos con los que nosotros mismos contamos? De la curiosidad se pasaría a la locura y la espiral de inquietud sería cada vez más intensa, sin duda. Melanie Laurent aporta sensualidad a uno de los cuerpos y su contraria aporta ternura y belleza e inocencia. Dos contrarios atraídos precisamente porque todo lo tienen en común y dispuestos a conocerse y a probarse hasta las últimas consecuencias. Podría ser Jake Gylenhall como decíamos un digno candidato a la Concha de Plata pero sólo si fuera reconocido un montaje y ambientación sublimes o, por encima de todo, una dirección milimétricamente cuidada y que demuestra que no sólo de Incendies vivirá Denis Villanueve. Empieza y fuerte la sección oficial de San Sebastián. Un capítulo aparte merece la escena inicial y la final de esta película que descontextualizan y asombran. Hay quienes buscarán todas las metáforas y explicaciones posibles, nosotros nos limitamos a disfrutar y retener.

Podría haber terminado así el día o como mucho con la previsible nueva Hugo: The Zero Theorem de Terry Gilliam, pero las musas nos sonrieron y al final pudimos acceder a la sesión golfa inexplicable y única de más de tres horas de duración en la sala pequeña del Kursaal, de la ganadora de la última Palma de Oro en Cannes: La vie D’Adele Chapitre 1 & 2, dirigida por el argelino Abdellatif Kechiche.  Es una barbaridad que un Premio Fipresci otorgado al director en persona en la gala de inauguración y presentada en nuestro único pase por él mismo y por su productor, pueda sólo ser disfrutada por 500 personas, cuando era uno de los atractivos de esta edición del Festival. Pero afortunadamente, estuvimos entre esas 500 butacas y nos dejamos enamorar por Adele.

Adele te atrapa desde el instante uno, con una historia a caballo entre las cintas de los Hermanos Dardenne y la veracidad con la que Cantent grababa a sus jóvenes protagonistas en la otra Palma de Oro francesa de los últimos diez años: Entre les murs (La clase) de Laurent Cantent. Aunque evidentemente guarda aún resquicios de aquella película que aunque siendo su segunda obra le daría a conocer fuera de sus fronteras: La escurridiza o cómo conocer el amor. Adele es poesía, es literatura, es arte, es música, es filosofía, es sentido y sensibilidad; es cualquiera de las artes, las artes bonitas y las feas. No sabemos si será una justa Palma de Oro pero podemos afirmar porque no hemos visto casi ninguna de sus contrincantes que sería casi imposible batirse en duelo con semejante prodigio cinematográfico.

Kechiche que no parecía contar con una carrera tan consolidada (Cuscús y Venus Noire son sus películas más celebradas. Ambas concursaron en Venecia y la primera se alzó con el Premio Fipresci y el Gran Premio del Jurado) no sorprendió a nadie al alzarse con el Premio Gordo de la última Croissette como podía recogerse entre los periodistas y las crónicas alabando una película que hacía que cualquiera (incluido el propio Steven Spielberg, presidente del Jurado en esta última ocasión) cayera rendido a sus pies.

Y no es para menos, ya que Adele recáe en una portentosa interpretación de una chiquilla que también lleva por nombre Adele Exarchopoulos. Increíble en ese papel de adolescente encontrando su camino, de mujer que no quiere dejar morir a la niña que lleva dentro, de ser perdido entre unas vivencias que no sabe si realizar. La película habla de la vida, del amor, de lo difícil que es tener una estabilidad emocional, habla de los sentimientos y las sensaciones. Pero es casi perfecta porque no hay nada impostado, todo es veraz, todo es tan real como la vida misma y tan duro como los acontecimientos que llevan a cualquiera a luchar por su libertad y felicidad a sabiendas de la fatalidad que acecha y de la inutilidad de la búsqueda de la ventura.

Lea Seydoux juega ese jeugo de seducción y de madurez y se convierte en el contrapunto perfecto y emocional para que la vida de Adele cambie por completo. Nunca había amado a una mujer pero desde que ella se cruza con su pelo azul y sus miradas se juntan durante unos segundos, la vida se para, todo se para. Ya no vive para Adele, sino que vive para ella. Y sin ella no sabe vivir. Es una fusión perfecta que las hace crecer, amarse, conocerse, experimentar la más alta de las pasiones y, por tanto, crear. El arte crece exponencialmente, las ganas de alcanzar las metas, porque ha surgido la pasión emocional, porque necesitan de ese contrapunto, para que sus vidas tengan el mismo color del pelo de Emma. El título original de cómic en el que se basa es Blue is the warmest colour, de hecho el póster con el que contaremos en España, tiene una Emma sensual y tierna al mismo tiempo en su portada.

Adele habla de las artes y de la educación, habla de la familia y de las relaciones y habla de la comida. Las mejores cosas, al menos las más importantes suceden antes o después de comidas tan importantes como lo que conllevan sus degustaciones. Todo esto es una constante en el cine de Kechiche, quizás el mejor ejemplo sea Cuscús. Se habla de inmigración, de cosmopolitismo, de culturas diferentes, de la importancia de las familias y de las relaciones que pueden doler o servir como columna vertebral de una vida.

El visionado de Adele cuando se estrene en octubre es imprescindible porque se trata de una de las mejores películas rodadas en los últimos años, no es exageración, es una emoción contenida y silenciosa como lo es su perfecto guión ante una sesión antológica. La contemplación de una película que sabes que te va a marcar la vida, la posibilidad de meterte tan de lleno en una historia que se salga de la pantalla y te lleves a sus personajes a convivir contigo. ¿Qué es San Sebastián 2013? Pase lo que pase y vea lo que vea, les puedo asegurar que en mucha parte, este Zinemaldia será Adele. Lo que vive, lo que siente, lo que sufre, lo que padece, lo que ama, lo que desea, lo que folla y, por supuesto, sus pasiones terrenales: lo que lee y lo que disfruta observando. El cine ha nacido para que nos hipnotice y Adele consigue encandilar con los cinco sentidos. Lo mejor de ella es que habría tantas cosas que decir, que os prometemos un análisis en profundidad antes de su estreno en salas. Pero eso sí, por nada del mundo os la perdáis, porque Adele merece que se la conozca, porque tenemos que ayudarla a vivir y a quedarse, aunque para ella misma sea muy difícil.

Dos ediciones de San Sebastián y sólo con esta Adele, sinceramente puedo decir que ya habría merecido la pena.

Y mañana la segunda crónica, perteneciente a lo visto el sábado: Like father like son de Hirokazu Kore Eda, Le weekend de Robert Mitchell, Las brujas de Zugarramurdi de Álex de la Iglesia y Futbolín de Juan José Campanella, lamentablemente sólo se ha salvado de la quema, con notable alto un Kore Eda que parece que siempre está en estado de gracia. Lo dicho, mañana más… y esperemos que mejor.

 

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