San Sebastián: Día 6

Menudo día, dos decepciones mayúsculas y las dos con Colin Firth en sus carteles. Ahora entendemos por qué razón no le han dado el Premio Donostia a este intérprete y, sin embargo, se lo han dado a otro actor, aparentemente menor (hasta ahora) como es Hugh Jackman. Lo triste de todo es que las dos películas de las que hablamos se encuentran en la sección oficial. Hablamos de The railway man (Un largo viaje), una cinta australiana de Jonathan Teplitzky. Anteriormente el cineasta había dirigido otras tres películas y una serie, las tres producciones permanecerán en nuestro olvido después de ver semejante engendro. Como decíamos protagonizado por Colin Firth y secundado con un papel irrisorio por la camaleónica Nicole Kidman. En esta tv movie de sobremesa de domingo todo está impostado. De primeras el argumento, secuelas de la Segunda Guerra Mundial, melodrama histórico de dos horas de duración echaba para atrás. Pero no esperábamos este despropósito. Uno se pregunta como alguien puede aplaudir esta producción cuando es tan maniquea, tan absurda, facilona y predecible. Nada es real, ni la relación entre ambos ni cómo se suceden los recuerdos. Tampoco es real cómo se buscan víctima y verdugo y cómo se encuentran. La pregunta es, por tanto, si está basada en hechos reales, por qué no son capaces de que resulten realistas. Todo un fracaso de película, de selección y de comienzo de día.

Aunque afortunadamente volvimos a Latinoamérica con otra de las películas de la sección oficial, aún nos quedaba otro bochorno en esta sección pero sería más tarde. La segunda película del día fue la mexicana Club Sándwich del director Fernando Eimbcke, quien vuelve a su mundo adolescente y de descubrimiento que ya realizó en Temporada de patos y Lake Tahoe. Club Sándwich tiene un argumento muy simple, una historia mínima de las que tanto nos gustan. Una madre que adora a su hijo adolescente, son amigos, todo lo comparten; pero él se está haciendo un hombre, necesita separarse de ella. No tiene más, sólo verdad, que como decíamos ayer con Pelo malo es lo que se suele echar de menos en producciones que no son latinoamericanas. Los personajes se convierten en personas, viven dentro y fuera de la pantalla; ves a los actores caminando por Donosti, y en realidad, sigues pensando que son aquél niño que necesita que una chica le toque por primera vez y aquella niña que lo hace. Es linda esta película, tierna y con una sensibilidad nada pretenciosa. Dudamos que Club Sándwich alcance algún premio en la ceremonia de clausura del Zinemaldia, pero cualquier mención sería merecida.

A media tarde, con la comida casi sin digerir, acudimos a ver la película del día: Heli, del director también mexicano Amat Escalante. Con ella consiguió el premio al mejor director en el Festival de cine de Cannes y puede que se convierta en su primer estreno en España tras las polémicas y inéditas casi internacionalmente Sangre y Los bastardos. Su productor y director presentaron la película en un Kursaal abarrotado y definieron la historia como el relato que todos conocemos sobre el méxico violento, el que todos obviamos; pero desde una mirada particular, seca y desprovista de manipulaciones. Heli es intensa, arrebatadora, desgarradora. Heli duele, como lo hace la vida a su personaje protagonista que lleva su nombre. Se vive y se sobrevive, se ama y se desea; se cuida y se pervierte; se toca y se pega; se acaricia y se desgarra. Amat Escalante es aún joven pero con esa mirada que transita por sus tres largometrajes puede convertirse en el cineasta mexicano más aplaudido y estudiado. Por ahora la cosa pinta bien. Presentada en Horizontes Latinos, sección donde a nuestro parecer no tiene rival; en realidad Amat Escalante se encuentra en San Sebastián para presidir el Encuentro entre estudiantes y Escuelas de cine que se produce durante el festival, allí hará de demiurgo, árbitro e instigador.

Nos deparaba la tarde como decíamos otro fracaso en toda regla. Pero éste si que totalmente inesperado. Se trataba de una de nuestras películas más esperadas, quizás porque venía de la mano de un cineasta fascinante como es Atom Egoyan (Exótica o El dulce porvenir): Devil’s Knot, traducida en este bendito país como Condenados. Aquí relataba una historia real (un término que nos da miedo en esta edición del Zinemaldia) sobre la desaparición, investigación y juicio alrededor del secuestro y asesinato de tres niños de ocho años. Egoyan utiliza un argumento parecido a El dulce porvenir, uno de sus mayores éxitos; cómo una tragedia, una absoluta masacre puede cambiar y alterar las vidas de todo un pueblo, de todos unos habitantes y vecinos. Pero aquí todo es cutre, increible, pretencioso y absurdo. Reese Witherspoon da risa y Colin Firth de nuevo nos tendría que explicar de qué va su papel. Atención al momento El club de los poetas muertos en la clase de uno de los niños asesinados. La reiteración de la música melosa y melancólica para remarcar el dramatismo de una historia como si careciendo de ella, no lo tuviera. Las alteraciones anímicas de los familiares y amigos y sobre todo los recuerdos de aquél tiempo pasado que siempre fue mejor, son bochornosos. Peor que un telefilme, mira que es peor película la del australiano. Pero es que esto, Egoyan, ni nos lo esperábamos ni te lo permitimos. Pero ya no queda otra. Egoyan ha muerto y ahora tendremos que pensar si le dejamos resucitar.

Recuerdo la impresión al ver Crazy por primera vez; una de las cintas más importantes de mi vida. Y sin embargo, realmente me quedo con dos ideas de aquella historia: que en su director (Jean Marc Valleé) había nacido una potente mirada joven y la segunda que debía ser un melómano para tener esa increíble banda sonora en sus manos.  No me confundí en ninguna de las dos cosas y ayer tampoco lo hice. Se presentó en Perlas de otros festivales una película que en octubre concursará en el Festival de cine de Roma en la sección oficial: Dallas Buyers Club y que tendrá a su protagonista al menos nominado a la estatuilla de oro por excelencia: El oscar. Sí, amigos, leen bien: Matthew McConaughey se merece un Óscar, porque está increible en la piel de un macho alfa al que le diagnostican sida y al ver que nadie le ayuda ni le dan los medicamentos adecuados; se convierte en traficante de fármacos a gran escala, para ayudar a otros a sobrevivir con la enfermedad. La interpretación de reparto de Jared Leto también es memorable (recuerda al Cillian Murphy de Desayuno en Plutón). Sin llegar a ser una película redonda, Dallas Buyers Club emociona y entretiene. Recuerda a grandes hitos del mismo género como Milk o Philadelphia. Su dirección es correcta aunque no tan sublime como sus anteriores creaciones.

Casi sin tiempo entre una cinta y otra y corriendo como en Jules y Jim para llegar al Kursaal, nos adentramos rebasando la medianoche en la proyección de una cinta china densa y espesa como es su increible director Jia Zhangke: A touch of sin, Un toque de violencia. Nuestra sorpresa fue mayúscula al observar como tanto el director como una de sus actrices presentaban la película ante un público espectante. Mejor guión en Cannes para el cineasta que consiguió el León de Oro en Venecia por Naturaleza Muerta. En palabras de su director, realizó A touch of sin precisamente para preguntarse por qué existía la violencia, cuales eran sus causas, si tenía algún sentido o si por el contrario todo era fruto del azar. La cinta rebasa límites tanto de quietud como de intensidad, por eso mismo se convierte en una experiencia narrativa y fílmica fascinante. Quizás no sea la mejor hora para verla, pero es muy recomendable. Atención a la canción final y, sobre todo, a las preguntas que Jia Zhangke se hizo y le llevaron a escribir y dirigir esta historia, les llegarán indirectamente, pero les aseguro que pasarán las horas y los días y seguirán buscándoles respuesta. Grande China y grande Jia Zhangke.

Hoy hemos terminado la sección oficial con la película bosnia y con La herida de Fernando Franco, junto a Ozon y otras más, les contaremos nuestras impresiones. Pero ya será mañana.

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