La herida del Canibal Montoro y la fiesta del cine

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He llegado a estar sólo en una sala de cine; y conociendo de primera mano esta cinefilia, puedo asegurar que no soy el único. He llegado a estar incluso tumbado en el pasillo de la sala disfrutando en pantalla grande, de manera visceral de, para quien suscribe estas líneas, el arte más completo de todos.

Que la gente no va al cine lo llevamos sufriendo y soportando varios años, pero que los que lo provocan se atrevan a decir que la gente no va al cine porque la calidad de nuestro cine es deficitaria es una barbaridad tal que debería hacer dimitir al señor Montoro, el Ministro de Hacienda.

Todos los que amamos el cine sabemos que si la gente no acude a las salas es, sobre todo, porque los precios en los últimos diez años han ido desde las 500 pesetas (3 euros) a los 7.50 u 8 euros actuales, más del doble. Pagamos por una entrada de cine más de lo que un trabajador medio (si es que tiene el privilegio de tener trabajo) cobra en una hora.

Tenemos el Iva Cultural más alto de toda Europa y una educación que nos permite adorar a la selección española nos guste o no el fútbol pero criticar y bombardear el cine español, se haya visto o no. No se puede criticar a una industria española y menos si eres un Ministro o si eres un lider de opinión. El daño que puedes hacer va a los cimientos de esa industria, a los cimientos de la educación y de la no cultura.

Decía Marian Álvarez, apasionante protagonista de La herida, en una entrevista concedida a Cineysefeliz la semana pasada, que en unos días podréis leer íntegra, que el único problema que tenía el cine español es que no se confiaba en ellos y que muchos se olvidaban de que “El cine español es también marca España. Nosotros paseamos nuestras películas por diferentes festivales en el mundo y a la gente le encanta el cine español.” Esa Marca España de la que tanto hablan últimamente, no es sólo la selección española, el jamón de pata negra o los bares de barrio. El cine español es también marca España y no podemos ningunearlo y despreciarlo, sobre todo, cuando ni lo conocemos ni lo hemos visto.

Hoy he sentido emoción a las puertas de un cine con algo que nunca me había ocurrido; me he emocionado porque hoy Lunes 21 he acudido a las salas del centro de Madrid para disfrutar de la fiesta del cine (3 días con el cine a 2.90 euros) y después de 45 MINUTOS de cola, me he quedado sin entradas. Sí, sí, no miento, La gente agolpada ante los grandes cines, esperando más de media hora, para llegar a la taquilla. El cine vende, el cine gusta, el cine inspira y lo necesitamos. Pero hay que mimarlo, hay que potenciarlo y hay que quererlo. Acudo muchas veces a la Filmoteca Española a ver películas recónditas de alguna nacionalidad poco explorada en nuestras pantallas. Y me suelo encontrar con un lleno total, y no me sorprende, porque las entradas siguen costando 2.50 euros. Si andamos cinco minutos desde allí y entramos en el cine Ideal, por poner un ejemplo, las entradas pasarían a costar casi cuatro veces el importe de la Filmoteca. El Iva ha hecho muchas heridas en nuestra industria, Sr. Montoro, y usted es un canibal dispuesto a devorarnos.

El cine Golem anuncia que los lunes sus sesiones pasarán todas a costar 4 euros y la cadena Renoir se reserva  un vale por cada entrada vendida para acudir la semana siguiente por 5.50 euros. Son cifras y más cifras, y es cierto que no estamos en eso, pero se necesita que mimemos el cine así, que lo valoremos y lo pongamos asequible para cualquier público.

Y entonces entre todos estos ridículos personajes y denunciables apreciaciones que menguan la confianza en un sector que algunos quieren que vaya pereciendo; de entre las cenizas de esos verdugos, nacen dos películas que alientan y que emocionan, dos películas que nos enorgullecen en nuestro cine: Canibal (dirigida por Manuel Martín Cuenca) y La herida (realizada por Fernando Franco).

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Ves La herida y te sientes herido, por como eres, por como tu vacía existencia ningunea a aquellos diferentes, a aquellos que no saben medir lo que sienten, a aquellos que ni siquiera saben vivir. La herida hiere pero es una herida que por una vez puede ser necesaria. Un dolor perpetuo pero que nos permitirá no herir a los demás más de lo que ya lo están. Quizás no tenga mayores pretensiones su director que las de contar una historia que él necesita sacarse; pero esta pequeña y arriesgada película consigue que un importante mecanismo que tenemos en nuestro interior se reactive y nos acordemos de que existía algo llamado humanidad y de que no podemos ser tan egoístas. Con no herir más de lo que ya hemos herido, esta película habría conseguido muchísimo más que un Premio especial del Jurado en Donosti. Ana, la protagonista de esta dolorosa experiencia vital, es una joven que tiene un trastorno límite de personalidad; eso la lleva a autolesionarse, a no poder mantener una relación sentimental sólida ni ninguna relación sana y bonita en su vida. Ana no sabe que le está ocurriendo y eso es lo que más duele, comprobar con cada plano, como sufre sin entenderlo. La herida en su título engloba todas las heridas posibles, las psicológicas; las de los traumas; las de episodios del pasado; las referentes a las rupturas sentimentales; las heridas físicas. Marian Álvarez pone cuerpo y alma a un personaje que seguramente cambiará su vida como actriz y personalmente. “Ana es un regalo -en sus propias palabras- del que no me desprenderé nunca “. Escrito a cuatro manos entre su creador Fernando Franco y Enric Rufas (también coguionista de Jaime Rosales), esta historia, como el personaje de Ana, tiene Alma. Es la historia de esta muchacha pero podría ser la de tantas otras. Parece que Marian desde los inicios de su personal y cuidada filmografía quisiera hacer visible lo invisible como dijo en San Sebastián, quisiera dar voz a aquellos que la necesitan. Ana está herida y desea gritarlo, Marian lo hace por ella, desde la sutileza y la contención. Parece mentira que sea una ópera prima, pero tiene algo de sentido si comprobamos que Fernando Franco ha pasado ya con maestría por diferentes disciplinas en cine: Dirección (con una mirada particular en sus cinco cortometrajes, destacando TU a(MOR), Room y su última creación: La media vuelta. Podéis ver todos menos este último en en su página web; guión, montaje (Blancanieves, increible edición de una película que baila al son de la maravillosa música de Alfonso de Vilallonga) o la docencia en la Ecam (Escuela de cine de Madrid). La herida es un pequeño milagro en nuestro cine, una película pequeña que va creciendo en nuestro interior, que te retiene y que se hace inolvidable.

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Manuel Martín Cuenca venía de rodar esa maravilla que es La mitad de Óscar, ese triunfo del cine pausado, sensible pero no edulcorado y a la vez seco y sin pretensiones. Lo hacía con una carrera envidiable por personal e indescriptible. Manuel es un autor total porque sólo se inmiscuye en un proyecto cuando sabe que puede sacar de él el máximo partido. Ahora presenta Canibal, una película no apta para todos los paladares y más difícil de digerir de lo que algunos esperan por su título. No es que Martín Cuenca haya realizado una cinta gore. No es que nos vayamos a encontrar con un canibal al estilo de Hannibal Lecter. Aquí, si acaso, sería mucho más cercano a aquella maravillosa cinta mexicana del año 2010: Somos lo que hay, en la que una familia vivía su día a día en la sociedad actual, preocupados por encontrar carne humana para alimentarse semana sí, semana también. El Canibal que aquí se nos presenta tiene el rostro, el andar y la voz de un prodigioso intérprete español: Antonio de la Torre. Su contención le delata, sus gustos culinarios le pervierten. Pero contra todo pronóstico esta es una historia de silencio. El seco silencio que se produce ante el autoconocimiento de la bestia. Canibal es un cuento sin estridencias ni dulcificaciones, pero más cercano a Andersen que a Thomas Harris. La dirección, que se vale de una cuidada fotografía que le valió al joven Pau Esteve Birba, el premio a la mejor fotografía en San Sebastián; es sutil y sobre todo, elegante. Cuida cada plano, lo mima y como a su personaje, lo pervierte.

Cine español de calidad, pese a quien le pese, y estamos en un año donde la nota a nuestro cine debería ser un notable alto. A estas dos creaciones habría que sumar las de: Otelo, La plaga, Los mundos sutiles o Mapa. Nuestro cine tiene una calidad infinita, y si se creyera en él, si se le potenciara y si se bajaran notablemente los precios; la gente valoraría nuestro cine como una de nuestras principales armas de defensa. Pero a veces (hoy no), como Albert Plá, me avergüenzo de ser español.

Esta semana estará disponible la entrevista realizada a Fernando Franco y Marian Álvarez por La herida y la semana que viene el estudio en profundidad sobre el cine de Martin Cuenca con su entrevista tras Canibal. Por ahora, con o sin fiesta del cine, no os perdáis estos dos peliculones en pantalla grande.

 

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