Sevilla 2: De experimentos fílmicos y cine endulzado o denso

lapartida

La partida de Antonio Hens, a quien hemos tenido la oportunidad de entrevistar esta mañana, se presentaba en la sección Resistencias, una nueva creación del festival que aglutina producciones españolas que se han llevado a cabo casi sin el favor de ninguna industria. Cine que resiste, que no se estrena. Ayer pudimos asistir al estreno en España de esta película, cuando se realizó en el año 2011 y ya ha tenido un recorrido internacional por festivales. Su director es español, Cuba aparece en la sombra y Cuba ayuda, pero España no.

Antonio Hens es un director cordobés que comenzó en los años 90 en el mundo del cortometraje. Su corto  traspasó fronteras y le hizo un hueco en la cinematografía de temática homosexual. Sus producciones siempre exploran su tema más recurrente: el paso de la adolescencia a la madurez. Ese tránsito dificil entre una edad en la que no se ha entendido nada y otra en la que hay que entenderlo por la fuerza. El cuestionamiento de la masculinidad hace mella en unos personajes siempre ambiguos y condenados a encontrarse en un mundo que a veces les resulta tan aparentemente extraño. Prostitución masculina, búsqueda de sustento económico a través del sexo. Necesidad de exploración y pérdida de la conciencia sensitiva, por querer vivir como unos niños cuando ya sólo pueden hacerlo como adultos. Sus actos siempre tienen consecuencias y deben vivir sufriéndolas. Y lo peor es que actúan sin pensar en esas consecuencias. Sin imaginarlas, dejándose llevar. Todos sufrimos una partida, una pérdida del yo intrínseco. Una ausencia de lo que fuimos dejando pasar a lo que seremos. Es como otro parto y todo parto es doloroso.

Stray dogs de Tsai Ming Liang se presentaba en la sección oficial tras el pase en Venecia y la alabación general de la crítica y el Gran Premio del Jurado de Venecia, obtenido tras convertirse durante el certamen en la película favorita para alzarse con el León de Oro. Y bien, subjetivismos aparte y pudiendo aclarar desde un principio que veneramos el trabajo del cineasta tailandés (Goodbye Dragon Inn o Vive l’amour), en este caso no sabemos qué ha hecho. Así de sencillo. No es criticar su trabajo onírico, metafórico y simbólico y poético como ha sido siempre; sino más bien plantear que no hay nada que se pueda criticar pues quizás en nuestra profunda ignorancia, no hemos entendido esta cinta. No dudamos de la profundidad de su mensaje por muy cadente de tempo sea el metraje, Los planos son tan preciosistas como pretenciosos, tan idealistas como exagerados.

Miele de Valeria Golino se está jugando el tipo ante los premios Lux de cine europeo y lo hace con una historia que conmueve a la par que atemoriza. Miele es el seudónimo de una chavala que endulza los últimos momentos de vida de algunas personas que quieren poner fin a sus existencias. Ella compra los barbitúricos caninos necesarios incluso atravesando fronteras, para evitarles a sus clientes, que su vida sin sentido, su vida inexistente en una enfermedad perpetua se siga desarrollando.Ella explica con mimo a cualquiera que quiera poner fin a su existencia, la naturaleza de su ceremonia. Cómo tienen que seguir cada una de las recomendaciones e instrucciones y ser plenamente conscientes y culpables del acto suicida que quieren realizar. Siempre, porque ellos tienen una enfermedad incurable, pero resulta que se encuentra con un hombre que quiere suicidarse sólo por la rutina, por huir de su vacía existencia. Y en ese final, Miele si que no es capaz de verse. Pensaría por primera vez, que con su ayuda, un inocente, una persona sin problemas va a morir.

 Lacrau es un experimento, de eso no cabe la menor duda, un experimento en el que puedes entrar o no. El cine experimental se hace también como un experimento, quién será capaz de entrar en semejante idea o historia y quién se quedará fuera. Son varias las cintas en los últimos años que paseadas por festivales de diferente reputación y prestigio, han optado por esta fórmula narrativa y más centrada en las sensaciones. A mí no me atrapa y no es por su experimentación pues no tengo nada contra el cine no narrativo, es por su discurso, aparentemente inofensivo pero que ante una persona extremadamente sensible, puede ser muy dañino. La experimentación o la exploración de la naturaleza consabiendo cuan cruento es el ser humano, nos traspola a la absoluta aberración del ser humano. Lo siento, pero no puedo ver como dañan a un ser vivo, como sin compasión LO ASESINAN vilmente para disfrutar de los manjares que contiene. No trato aquí de hacerles a todos veganos, ni siquiera yo lo soy; sino de abrir un debate sobre lo que en realidad es el arte y cuales son sus límites. En Sitges hace unos años estuvieron a punto de prohibir un visionado (A serbian Killer) porque su protagonista simulaba abusar de un feto; eso nos daña, de eso se habla y eso conmueve, pero sin embargo, que se mate a un cerdo en pantalla, parece no afectar a nadie. Sí, fui l único que huyó despavorido, cuando un montón de tripas, de chorizos, de morcillas…salían por el cuerpo inerte del cerdo degollado.  De Portugal, que tiene este ciclo tan estupendo en Sevilla, mejor nos quedamos con todo lo que hace Pedro Costa, Miguel Gomes o, sobre todo, Joao Pedro Rodrigues.

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