LAS MEJORES PELÍCULAS (ESTRENADAS) DEL 2013. TOP 7: TOMBOY

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Raro es el año que una película francesa no se cuela en la lista de las mejores cintas del año. En el top 10 siempre hay un hueco para el cine galo. Este año después de la sensibilidad y el buen hacer de películas de años anteriores como las hispanas XXY o El último verano de la boyita, llegaba una cinta casi definitiva, sobre la identidad de género.Una suerte de El principito en el cuerpo de una niña que quiere demostrar a todas luces su masculinidad. No tiene atributos masculinos, pero esconde todos las rasgos de su bella feminidad.

Tomboy es un término despectivo de origen inglés que significa marimacho. Se refiere a la mujer que tiene actitudes masculinas, se viste de manera masculina o toma roles que corresponden generalmente al género masculino. Como cualquier identidad de género esto no tiene nada que ver con su orientación sexual, por una parte está el cuerpo y por otra el deseo. Quiere ser hombre en su manera de vestir, en su apariencia, incluso en su forma de expresarse y moverse.

Siempre he creido que la belleza suprema, la que no admite subjetivismos; es la belleza de cualquier Tadzio a la maniera de Thomas Mann y más tarde de Luchino Visconti en Muerte en Venecia. Un efebo o efeba de rostro y cuerpo apolíneos pero rasgos ambiguos. Podrían pasar por ser niños o niñas, la belleza les delata.

Zoé Héran, la niña protagonista de esta historia, juega un juego de seducción con la cámara, con el espectador, con su propia idiosincrasia. Su mirada dulce y triste, melancólicamente perfecta desgarra el sentir de cualquiera.

Tomboy es un manual de instrucciones de la verdad, una punta de lanza ante los agujeros de guión y los histrionismos; Tomboy es crecer, es vivir, es sentir, es luchar y equivocarse, ante una naturaleza que se le torna agresiva.

Céline Sciamma rueda con mimo esta cinta, amando y queriendo a su personaje, casi como si de un hijo se tratara. Lo hace desde la perspectiva cruel y maquiavélica de unos niños que nunca sabrán  medir la profundidad de sus actos, dolorosos y ruines. A esta niña le queda mucho por luchar, por llorar, por caerse y volver a levantarse; le queda mucho por tener que dar explicaciones a personas que nunca querrán conocer realmente cómo se siente.

En el juego con esos niños, con esos locos bajitos, esta cinta francesa alcanza su apogeo, porque la infancia hay que retratarla casi a nivel documental, hay que enseñarla sin parecer que se está grabando. Grabar juegos, peleas, risas, amores intensos y primerizos y malicia, esta vez por desconocimiento.

La séptima mejor película del 2013 es una sensible cinta sobre la capacidad de luchar contra las fuerzas de la naturaleza que se encuentran en el interior de nosotros mismos; por luchar teniendo siempre presente nuestra integridad física y psicológica y, sobre todo, lo que sentimos.

 

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